El gran arte de la vida es hacer de tu vida una obra de arte.
Aunque no escribas libros, eres el escritor de tu vida.

– ¿Cómo podemos ser escritores de nuestra vida? Con nuestras decisiones y actitudes.
Aunque no seas Miguel Ángel puedes hacer de tu vida una obra maestra.

– Obra maestra no es que todo salga bien, sino como reaccionas tú ante las circunstancias que te toca vivir.
Aunque no entiendas de cine ni de cámaras, tu existencia puede transformarse en un filme primoroso, con Dios como co-director.

– Trabajando de la mano Dios, siempre saldremos adelante.
Aunque nunca hiciste un verso, un soneto, un cuarteto, tu vida puede ser un poema.

– Si nosotros estamos en paz, nuestra vida puede ser un poema.
Aunque cantes desafinado, tu existencia puede ser una linda canción que Roberto Carlos firmaría.

– Las canciones de Roberto Carlos tienen mucho mensaje, hablan de amor, de compañerismo y comprensión. Si nuestra vida se basa en el amor puede ser esa canción.
Aunque no entiendas de música, tu vida puede ser una magnífica sinfonía que daría envidia a Beethoven.

– ¿Cómo podemos hacer de nuestra vida una sinfonía? Amándonos, amando la vida y amando lo que hacemos.
Aunque no hayas estudiado en la escuela de comunicación, tu vida puede transformarse en un reportaje modelo.

– A través de la comunicación podemos comprender mejor a los demás y compartir las grandes experiencias de nuestra vida.
Aunque no tengas gran cultura, puedes cultivar la sabiduría de la Caridad.

– Al hablar de la Sabiduría de la Caridad, podemos pensar en el servicio a los demás, que es una hermosa experiencia.

Aunque tu trabajo sea humilde, anónimo, puedes convertir tu vida cotidiana en oración.

– Estemos seguros de que al ofrecer nuestro trabajo lo convertimos en oración.
Aunque tengas cuarenta, sesenta u ochenta años puedes ser joven de espíritu.

– Para ser jóvenes de espíritu, necesitamos tener ilusiones, sueños y mucho amor que dar a los demás.
Aunque las arrugas surquen en tu rostro, vale más tu belleza interior.

– La belleza interior se logra con buenos pensamientos, buenas obras y mucha Fe, Esperanza y Caridad.
Aunque sangren tus pies por los tropiezos en las piedras del camino, tu rostro puede sonreír.

– Sonreír nos va a dar salud, buena actitud y felicidad.
Aunque tus manos guarden las cicatrices de los problemas y de las impresiones, tus labios pueden agradecer.

– Las personas agradecidas son más felices, menos estresadas y más satisfechas con su vida y sus relaciones con los demás.
Aunque las lágrimas amargas bañen tu rostro, tienes tu corazón para amar.

– Es importante amarnos a nosotros mismos, valorar nuestra propia felicidad, seguridad y bienestar y de ahí partir a amar a los demás siempre incondicionalmente.
Aunque no seas Santo, ni Ángel, en el cielo hay un lugar reservado para ti.

– Si logramos hacer de nuestra vida una obra de arte con la ayuda de Dios, nuestra gran recompensa será el cielo.
Todo, todo… depende de ti.