Tus actos siempre hablan más alto y más claro que tus palabras. Porque los hechos son la forma de concretar lo que se dice y porque decir una cosa y luego hacer otra es auto-descalificarte. Si no interiorizas verdaderamente lo que expresas, jamás será una realidad.

Para poder conocer qué quiero ser y hacer, se necesita coraje, entendimiento, pero también sensibilidad y mucho amor. Cuando se percibe que alguien mantiene la coherencia entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace, los que lo rodean lo perciben y tratan de imitarlo.

Las personas que son ejemplo de vida son capaces de cambiar su propia vida y el entorno en el cual se hacen y se desarrollan. Estas personas a la vez que crecen, nos inducen a crecer.

Porque el verdadero ejemplo es “pegajoso”: nos muestra un deber ser, que nos impulsa a la imitación. Nos contagia, como las enfermedades, pero ahora para sanarnos, para hacernos más fuertes y resistentes ante los infortunios de la vida. Sobre todo nos hace ver que es posible ser así….

Es cierto que hay seres excepcionales que logran una alta coherencia. Que consiguen hacer de su vida una auténtica doctrina llevada a la práctica, seres humanos como Mahatma Gandhi, que se convirtió en un modelo de vida y llevó sus convicciones a tal punto, que logró cambiar la historia de una nación.

Precisamente de Gandhi se cuenta esta historia:

Una mujer llevó a su hijo ante Gandhi solicitándole que lo reprendiera porque comía mucha azúcar. Gandhi guardó silencio, después le dijo a la madre: tráigame a su hijo dentro de dos semanas.

Aquella mujer no entendió el porqué de la petición, más sabiendo que venía de un hombre sabio, acató la disposición y se marchó a su casa. Dos semanas después volvió ante Gandhi llevando a su hijo. Gandhi miró con benevolencia pero con la autoridad que le confería su edad y le dijo “Hijo, ya no comas tanta azúcar”. El muchacho aceptó la indicación y su madre perpleja, pero agradecida, le preguntó a Gandhi ¿Por qué debió de haber esperado dos semanas, si eso pudo habérselo dicho desde el momento que lo traje por vez primera? A lo cual Gandhi respondió: es que dos semanas atrás, yo estaba comiendo azúcar.

Sin duda todo tiene un proceso y un tiempo. No se puede llegar a la meta, sin haber transitado por completo cada uno de sus trayectos. Nada de lo hagamos por crecer será en vano. Y esta será una trascendental labor que nadie realizará por nosotros. La elección es nuestra y de nadie más. ¿Te atreves a predicar con el ejemplo?

Reflexión: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única” Albert Einstein