Según el diccionario, una persona serena es apacible, dulce al trato, sosegada. Sin embargo, ¿Se puede recurrir a la serenidad cuando hay que afrontar problemas personales, laborales, sociales y económicos? Sin duda en estas circunstancias lo más común es sentirse nervioso, irritable o molesto, pero justamente es la actitud menos saludable.

La serenidad es una sensación de bienestar que nos permite ver las cosas que suceden a nuestro alrededor desde un costado más activo. Las personas serenas logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir. En realidad, quiénes son más serenos pueden disfrutar de la vida y pensar que podrán en algún momento, superar los problemas.

Esto no significa esperar que las cosas pasen o mejores solas. Por el contrario, se trata de actuar de acuerdo a lo que cada uno crea mejor para sí mismo y para lo que debe afrontar.

Debemos ejercitar la serenidad, esto nos obliga estar en CONEXIÓN con nosotros mismos, nos invita a MEDITAR para poder conocernos mejor, y APRECIAR nuestra soledad.

Pero ¿Cómo conseguir esa serenidad que nos ayude a reflexionar? La respiración es un gran aliado para escapar del estrés. Respiraciones profundas, desde el abdomen, inhalando por la nariz y exhalando con calma por la boca. Otras técnicas como la meditación, el yoga o el taichí también pueden contribuir a alcanzar ese nivel de relajación tan necesario, a nivel físico y también mental.

Por último: la serenidad no es diferencia, ni complacencia, ni ignorancia. Es una virtud saludable que nos abre la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida.