Así como la felicidad proviene de una fuente interior de cada uno de nosotros, lo mismo sucede con el goce.

El goce es más un estado de la mente, que un conjunto de circunstancias.  El gozo es en realidad más una elección que una oportunidad.

Todos sabemos que algunas personas disfrutan más de la vida que otras, y no necesariamente están mejor dotados o son más afortunados.  Es simplemente que algunos tienen sus mecanismos dispuestos para disfrutar la vida, mientras que otros parecen querer batallar toda la vida.

Todos podemos disfrutar de las cosas buenas de la vida, podemos empezar cambiando los viejos hábitos por hábitos nuevos.  Hagan la prueba con la próxima hora de su vida. Decidan que van a disfrutarla.  Traten de apreciar las cosas buenas de ésta hora, sacar ventaja de las oportunidades que se les ofrecen.  Cada vez que hagan esto, estarán cultivando el hábito del gozo.  Tarde o temprano éste hábito se volverá una postura mental permanente.

La mentalidad del todo o nada, puede también contrarrestar el gozo.  Se requiere de un poco de tiempo en silencio y reflexión para sentirse cómodo siendo una fracción, pero eso es lo que todos somos. Una parte de nosotros es buena y hermosa, pero hay otra que no lo es.

Finalmente debemos revisar nuestras suposiciones, pues estas también nos hacen daño.

La historia de Betty

Me encontré con una antigua alumna y al preguntarle ¿cómo estás?, me comenta “Verá usted, me estoy muriendo. Tengo leucemia”. Por supuesto, me quedé sin aliento, cuando me recobré del asombro, le pregunte ¿qué se siente tener 24 años y pensar que se tiene toda la vida por delante y de pronto te encuentras contando los días que te quedan?   Betty respondió: no estoy segura de que pueda explicarlo, pero estos son los días más felices de mi vida.  Cuando se piensa que hay días por delante, es muy fácil posponer las cosas.  Te dices a ti mismo: “Me detendré a oler las flores la primavera que viene”, pero cuando se sabe que los días de la vida de uno, están contados, uno se detiene a oler las flores y sentir la tibieza de la luz del sol hoy mismo. Hablamos un largo rato acerca de la muerte y de las perspectivas que brinda para una vida plena.  Ella está muerta ahora. Sin embargo, ella me dejó con una comprensión más profunda de la necesidad de disfrutar todas las cosas buenas de esta vida.