La ira es una emoción que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando percibimos que somos tratados injustamente, cuando nos sentimos heridos, o cuando no podemos lograr alguna meta importante, sentimos ira. Entender que el enfado tiene una importante función, nos ayudará a manejar la emoción. La ira nos sirve para llamar nuestra atención, para resolver la situación que nos está afectando de manera negativa, nos ayuda a reafirmarnos, a expresar el propio punto de vista y nuestras necesidades.
En muchas ocasiones, sentir rabia es algo inevitable, justificado e incluso útil, pero otras veces, conlleva una explosión que acaba sacando la peor parte de la persona.

¿Qué podemos hacer si nos sentimos furiosos?, ¿es mejor contener la rabia o dejarla salir sin contemplaciones?
Reconducir la energía que se genera con la ira significa conocer la emoción para poder controlarla. Por un lado, aceptar su presencia y saber que los pensamientos y sentimientos que la acompañan son irracionales. Por otro, es necesario encontrar la manera de sentirse dueño de la situación, con la capacidad de razonar y comprender.

Ira que destruye en ira que construye…. ¿Qué pasaría si esta emoción tan intensa y poderosa que puede llegar a nublar la capacidad de pensar y hacernos perder el control, pudiéramos utilizarla de manera que nos ayudara a resolver las situaciones de conflicto?

Propongo una serie de pasos para aprender a encauzar la ira:

  • Reconocer el sentimiento. Es importante detenerse a identificar qué es exactamente lo que se siente, intentando poner en palabras las sensaciones. Reconocer que estamos airados y que algo nos ha molestado• Admitir la frustración. El enfado es una señal que aparece ante un deseo o una expectativa que no se ha visto realizada; la rabia surge por una percepción de frustración o daño. Para descubrir qué ha desencadenado esa rabia, podemos hacernos algunas preguntas: ¿Cuál ha sido la situación que me ha molestado tanto?, ¿Por qué me enfurezco de esta manera?, ¿Lo que siento en este momento, me recuerda a alguna experiencia desagradable pasada?
  • Asumir la responsabilidad. La tendencia más fácil al sentir la rabia es echar las culpas fuera, hacia las otras personas o circunstancias. La ira, de quien más habla es de nosotros mismos, de cómo reaccionamos ante un hecho. Si lo entendemos así, nos ayudará a responsabilizarnos de nuestra emoción y a conocernos a través de ella.
  • Liberar la energía. Al sentir ira, el cuerpo responde al instante segregando adrenalina, la hormona que tensa los músculos, acentúa la alerta e incrementa los latidos del corazón. Es una respuesta instintiva. Para descargar esta tensión, podemos llevar a cabo diferentes alternativas: Correr unos metros, dar golpes sobre un cojín, gritar; tomar distancia dando un paseo, sentarnos a respirar durante unos minutos hasta que nos sintamos más calmados.
  • Expresar el mensaje. Una vez que comprendemos lo que estamos sintiendo, hay que hacer llegar a la otra persona nuestros sentimientos, nuestro punto de vista, la expectativa que no se ha visto cumplida. Asumir los sentimientos propios, teniendo en cuenta también las necesidades y sentimientos de la otra persona.

Reflexión: Cuando sientas ira… antes de cualquier cosa guiada por ella, sácala a pasear, déjala caminar junto a ti… para que vaya diluyéndose con cada paso. Mira alrededor, la gente que viene y va, los niños, los animales, la vida que llega a refrescarte, a calmarte y decirte… “Eres humano, todo está bien, incluso sentir esto” déjala ir, de tu cuerpo y de tu corazón… liberándolo de esa sensación de ahogo y frustración. Ahora estás listo; pregúntate ¿Qué es lo que necesito hacer por mi bien y el de los demás? Tal vez sea poner límites, aclarar ciertos puntos, ser honesto, ser verdadero… Piénsalo y actúa, tu puedes.