Un buscador de bien es aquel que busca y encuentra lo que hay de bueno en él o en ella, en los demás, en todas las situaciones de la vida.

Si nos proponemos encontrar el mal, hay suficiente de éste que puede descubrirse.  Por otro lado, si buscamos encontrar bondad, también hay suficiente de ésta esperando a que la descubramos.  Todo depende de lo que estemos buscando.

Buscar lo que hay de bueno en nosotros no es en modo alguno arrogancia o vanidad.  Puede y debe concluir con un acto humilde de gratitud. Buscar lo bueno en mí, es la única cosa razonable si deseo ser feliz.  Debo buscar y encontrar toda la bondad y la generosidad con las cuales me ha bendecido el Señor.

Las personas son algo así como flores silvestres.  Su bondad y belleza pueden pasar tan fácilmente desapercibidas o consideradas como gratuitas.  Debemos ir en busca de la belleza que nadie más se ha tomado el trabajo de descubrir.  Sin embargo, hay que prevenir a todos los buscadores de bien: los demás pensaran que somos unos ingenuos o demasiado optimistas.  El mundo en su conjunto no puede creer fácilmente en el optimismo de los buscadores de bien.

Se ha dicho que nuestras mayores oportunidades probablemente llegaran a nuestra vida disfrazadas de problemas.  Los problemas tienen su peculiar modo de desafiarnos, de exigir de nosotros aptitudes de adaptación de las cuales no estábamos conscientes.  Los problemas pueden sacarnos de nuestras rutinas predecibles pero solo para introducirnos a una vida de nuevas posibilidades.  Debemos de estar preparados para buscar y encontrar el bien en todas las situaciones de nuestra vida.

 

Reflexión: Se feliz, no porque todo sea bueno, sino porque tú puedes ver el lado bueno de todo.